El Hipódromo de San Isidro una vez más recibió a Autoclásica, un evento catalogado dentro de los diez mejores del mundo. En la edición 24 se reunieron más de 1.200 ejemplares de época, y se celebraron algunos hitos importantes del motor.
Por Leonardo Pacheco
Fresco en mi memoria está el recuerdo de la primera vez que asistí a Autoclásica, hace más de diez años, uno de esos anhelos que he tenido la suerte de cumplir, así como lo hice en 2018 con el Festival of Speed en Goodwood (Inglaterra), y como espero poder hacerlo algún día con la Retromobile en París.

Autoclásica es considerado como el mejor evento -de esta temática- que se realiza en nuestra región, compitiendo cada año con el Concurso de Elegancia que se desarrolla en Bogotá, y con el cada día más refinado Encontro Brasileiro de Autos Antigos (EBAA) en Águas de Lindóia.
Por supuesto que es mi deseo que Motorclásica, evento que ya cumplió su primera edición en nuestro país, con el correr de los años pueda medirse con estos grandes encuentros de Argentina, Brasil y Colombia. Estoy convencido de que así será, ya que la calidad del evento capitalino estuvo bastante elevada.

Volvamos a Autoclásica, a la edición 24, una instancia que sirvió para celebrar algunos hitos importantes, tanto del automovilismo como de la industria automotriz argentina: 60 años del IKA Torino, 70 años del Jeep IKA, 100 años de las 500 Millas de Rafaela, 60 años del Fiat 1500 Coupé Vignale, Homenaje al fabricante Tulio Crespi, 100 años de Mercedes-Benz, 110 años de BMW, 60 años del Chevrolet Camaro, 60 años del Alfa Romeo Spider y 100 años de Carrocería Touring.
Esta muestra es organizada por el Club de Automóviles Clásicos de Argentina, y debido a la calidad de los ejemplares expuestos, y porque además dentro de la agenda está incluido un Concurso de Elegancia… el evento cuenta con el respaldo de la FIVA (Federación Internacional de Vehículos Ancianos).

Con respecto a uno de los festejados, el IKA Torino, es importante señalar que se trata de uno de los mayores íconos de la industria automotriz argentina. Fue presentado en 1966 por Industrias Kaiser Argentina, con sede en la ciudad de Córdoba, y en poco tiempo logró un enorme éxito comercial además de importantes laureles deportivos; participó en la Misión Argentina de 1969… enfrentando 84 horas de exigencia en el circuito alemán de Nürburgring.
Otro dato interesante, es que en el Concurso de Elegancia fue distinguido con el premio Best of Show, el más alto del certamen, un Rolls-Royce Silver Ghost de 1910 que se salvó de milagro de hundirse junto al Titanic. Los vaivenes del destino impidieron que su propietaria, Laura Pereyra Iraola, se embarcara junto a su Rolls-Royce en Europa, debido a sus casi ocho meses de embarazo; el quedarse en tierra los salvó a ambos de la tragedia ocurrida en abril de 1912.

Otro de los premiados fue el Helguero-Ford (1979), un biplaza construido artesanalmente en un taller santafesino; su creador es Oscar Helguero… quien además trabaja junto a sus tres hijos. Fue desarrollado sobre la base de un chasis tubular, con carrocería de fibra de vidrio y refuerzos de aluminio, y en el vano de proa cuenta con un motor Ford de 221 pulgadas cúbicas, unido a una transmisión ZF de cuatro velocidades.
A los amantes del automovilismo histórico Autoclásica les ofrece toda clase de atracciones, aunque la más espectacular de ellas es sin lugar a dudas la que nos brindan las “cupecitas”, esos bólidos construidos a pulso y que recorrían los caminos polvorientos a toda velocidad; estas competencias tuvieron su auge entre 1937 y 1966.

Las 500 Millas de Rafaela, o 500 Millas Argentinas, es otro de los hitos que vale la pena recordar. Fue una competencia que se realizó en 1954, aunque los primeros registros señalan que mucho antes se llevó a cabo, pero en un circuito de tierra; entre 1954 y 1975 la actividad se concentró en el óvalo de Rafaela.
En un rincón especial fueron exhibidos los monoplazas que tomaron parte en la citada competencia, enormes unidades con motores de 5,0 litros y más, y para los que se informaban velocidades cercanas a los 300 km/h; fabricantes como Berta, Trueno y Pianetto crearon algunos de los bólidos ganadores.

Los clubes asistieron masivamente el evento, desde Uruguay, Brasil y de todos los rincones de Argentina. Las escuelas de mecánica y los museos no podían faltar, así como tampoco los amantes de las dos ruedas… los que se reunieron en el denominado Barrio de las Motos.
Y una de las grandes atracciones es el Autojumble, un enorme mercadillo de partes, piezas y automobilia, todo lo que hace vibrar a los tuercas de corazón, incluyendo libros y revistas especializadas. Ahí también se ofrecen antigüedades, reproducciones de petroleras e incluso proyectos de restauración.

En resumen, Autoclásica es una cita imperdible para los amantes de los automóviles de época, una temática que ha invadido todo el mundo y de la cual disfruto a nivel personal. «Si no hay barro no es Autoclásica», dicen los visitantes, pero ni siquiera los problemas climáticos logran opacar la calidad del espectáculo; la primera vez que asistí quedé impresionado… diez años más tarde sigo igual de sorprendido.

Si quieren ver más fotografías de los ejemplares exhibidos en el evento trasandino, los invito a seguirme en Instagram, donde me encontrarán como @leodeautos y también como @Autodeayercl.